SACAR UNA AGUJA ROTA EN EL FOGON

Anima

MODO DE SACAR UNA AGUJA ROTA EN EL FOGÓN, UNA BALA QUE SE ATORA EN EL ÁNIMA DE LA PIEZA, Y UNA CUCHARA EMPEÑADA DENTRO DE LA MISMA.

En las circunstancias de cargar las piezas de Artillería, descargarlas con el sacatrapos, y disponerlas para darlas fuego, ocurren incidentes cuyo modo de remediarlos debe saber el Artillero. Uno de los casos más comunes suele ser el que se rompa una aguja dentro del fogón al tiempo de introducirla para romper el cartucho.

Rota la aguja en el fogón por este estilo, si la pieza está cargada, es preciso descargarla con el sacatrapos y foguearla para que no quede pólvora alguna; hecho esto se reconoce si la aguja entra mucho en el hueco del ánima, pues es preciso cortarla rasante al fogón con una tajadera o un cincel bien amarrado en una asta que se mete por la boca de la pieza hasta dar con la aguja, y luego se afirma dicho cincel contra el metal y la aguja, y dando con un martillo en el asta por la parte de afuera, se cortará la porción de aguja que tuviere dentro de la pieza rasante al fogón, para empujar el pedazo que ocupa el hueco de él con otra aguja o botadorcillo de hierro; y suponiendo que no se consigna el fin con esta operación, se le aplicará un taladro para deshacerla; si esto no bastare se cargará la pieza solamente con pólvora suelta, poniéndole por taco un zoquete de madera ajustado al ánima de la pieza con un pequeño agujero, para darle fuego por la boca por medio de un estopín largo, con lo que se consigue que el esfuerzo de la pólvora arroje la aguja por el fogón.

Cuando la bala se empeña al entrarla en el ánima del cañón, no conviene violentarla a golpes de atacador, porque si la detención es por ser la bala amelonada, o tener cordón en la junta de la turquesa, se hará más difícil su salida; sólo si se abocará la pieza, y dándole algunos golpes en la joya, la suele arrojar; pero si estando cargada la pieza se quisiere sacar la bala, y esta se detuviere a causa de la cascarilla del herrumbre, o de tener mordida alguna filástica del taco de la pólvora, entonces conviene darle algunos golpes de atacador para que pierda su asiento; y abocando la pieza, como se ha dicho, con los golpes de la joya sale sin dificultad; y para facilitar más su salida se procurará deshacer con la cuchara la cascarilla del herrumbre; y cuando ni con una ni con otra operación se consiga el fin, se le derretirá la carga por el fogón, echándole bastante agua hasta que salga clara, y dejando enjugar el ánima por el mismo fogón se le introduce una corta cantidad de pólvora, y dándole fuego arrojará la bala, y dejará la pieza libre de otro cualquier embarazo.

El incidente de empeñarse una cuchara en el ánima del cañón proviene de tener el ánima sucia y entrecoger alguna costrilla del herrumbre que el ánima depone, o bien de morderla la bala. Luego que se nota empeñada la cuchara se ata un cabo al asta, y se tira rectamente de ella, o se le da un tortor; de esta operación resulta las más veces que se rompe el asta por el encastre del zoquete; en cuyo caso es preciso con un chuzo horadándolo botar la bala, y ver si con un sacatrapos puede tirarse de la cuchara; y si con este método no quisiere salir, el último remedio es romper totalmente el zoquete, abollar la hoja de la cuchara con el chuzo, y entonces puede sacarse con facilidad. Para todo esto se supone la pólvora de la carga derretida con agua, porque sin esta circunstancia sería peligrosa esta faena; y se previene que nunca es conveniente disparar la pieza con semejante embarazo, ni aun con poca pólvora, como algunos lo practican, pues las resultas pueden ser funestas.

aguja Cuchara

Al manifestar Texier de Norbee en su obra los inconvenientes que causa el mayor alcance y acierto de los tiros el excesivo viento o huelga que se da a las balas en las piezas de mayor calibre, se explica de la siguiente forma. La razón que se alega para dar más viento entre las balas y las ánimas de las piezas de grandes calibres, se funda en la necesidad de dar mayor espesor o grueso a las cucharas de que se hace uso para extraer las balas empeñadas; y haciendo ver el poco efecto de este método de sacar las balas haciendo uso de la cuchara, acude a los demás medios simples que acabamos de indicar, preferibles por el constante buen éxito que dicho autor tenía observado, y que son los mismos que nos manifiestan Rovira, Labayru y otro varios autores de Artillería.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
75 queries in 0,444 seconds.