FORMACIÓN DE LA PÓLVORA

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DE LA FORMACIÓN DE LA PÓLVORA.

En la formación de la Pólvora y con los simples ingredientes referidos (salitre, azufre y carbón), se hace el compuesto de la pólvora. Algunos autores españoles de Artillería, tales como Medrano que escribió en 1.699, dicen que según la cantidad de cada materia se hace más o menos fina la pólvora, la que según su grado de finura o potencia, dividen en tres géneros, llamando del primero a la que lleva seis partes de salitre, una de azufre y una de carbón; del segundo a la que contiene por cinco partes de salitre, una de azufre y otra de carbón; y del tercero que también denomina de munición, a la que consta de cuatro partes de salitre, una de azufre y una de carbón.

Los autores modernos, como son Labayru y Rovira, al darnos la anterior distinción de clases de pólvoras de los antiguos, refiriéndose sin duda a estos mismos, distinguen las pólvoras con los nombres de seis as y as, cinco as y as y cuatro as y as. Pero no se halló en la obra de Medrano, tal denominación de as, sino la de fino o primer género, entrefino o de segundo, y de munición o de tercero.

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En el año 1.756 en la que Labayru escribió su Tratado de Artillería, dice que según el asiento hecho por el empresario general para la composición de un quintal de pólvora se ponían las cantidades siguientes:

  • Salitre………. 76 libras.
  • Azufre……… 11 libras.
  • Carbón……… 14 libras.
  • TOTAL:……. 101 libras

Que componen 101 libras, reduciéndose a 100 porque una libra de pólvora suele exhalarse en el trabajo, y según esta proporción produce una pólvora casi tan fina como la antigua llamada del primer género o de seis as y as.

Rovira en su obra publicada en 1.787 dice que se ha fabricado la pólvora de munición en España con 78 libras de salitre, 11 de azufre y 13 de carbón, cuya calidad al parecer debiera ser más sobresaliente que la de seis as y as, por tener a proporción mayor porción de salitre.

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También añade que en 1.787 se componía cada picada en la fábrica de Alcázar de San Juan de 57 libras de salitre, ocho de azufre y nueve de carbón. En la de Granada constaba cada una de 60 libras de salitre, 8 y ¼ de azufre y 10 ½ de carbón.

De cuyas dosis, en composición con lo anteriormente usado, resulta que en la primera de dichas fábricas aumentan las dosis de salitre y azufre y disminuyen las de carbón; y en la de Granada aumenta la de carbón y disminuye la de salitre y azufre, pero las diferencias no son sensibles, consintiendo en onzas por quintal de pasta. Refiriéndose Rovira a experiencias hechas por el caballero D´Arcy, en su teórica de Artillería, sobre estas diferencias en los ingredientes de la pólvora dice: haber encontrado que la perfección de la pólvora depende más de los medios que se emplean para mezclar y unir los materiales que la componen, que de la proporción de estos mismos materiales.

Además de las clasificaciones hechas y denominaciones dadas a las pólvoras en este articulo, según sus calidades, suelen dividirse en suertes al clasificar la pólvora después de graneada, según la diferente magnitud del grano, y se llama pólvora de cañón a la de grano más grueso, que pasa por una criba cuyos agujeros tienen una línea de diámetro, y no pueden pasar por otra en que solo tienen cinco puntos; pólvora de fusil a la que pasa por la criba de cinco puntos de luz en sus agujeros, y no pasa por un tamiz de cerda algo ralo; y la pólvora refina o de caza a la que pasa por el tamiz de cerda y no pasa por uno de seda, no tan tupido que impida el paso al polvo.

Prevenido el salitre, azufre y carbón, todo de buena calidad, se pica o muele perfectamente cada ingrediente por sí solo, tomando luego de cada uno la cantidad correspondiente, a fin de que reunidos los tres cuerpos, no exceda su peso de las 50 o 51 libras de que es capaz el mortero donde debe hacerse la mezcla.

Estos tres simples se revuelven muy bien y se humedecen con suficiente agua clara, y se hace una masa que tomada en la mano no se pegue, y puesta en el mortero que Labayru quiere sea de piedra, y Medrano de madera, se bate y pica con una mazo de madera de carrasca que puede guarnecerse de cobre, evitando todo instrumento de hierro por lo peligroso de su contacto.

El tiempo necesario para batir esta pasta, a fin de conseguir la perfecta incorporación de los tres materiales, deberá ser distinto según la mayor o menor velocidad en el movimiento de los mazos. Rovira prescribe el tiempo en 72 horas, suponiendo que el mazo de 24 o 26 golpes por minuto. Labayru establece 48 horas, sin expresar la velocidad del mazo, que sin duda será mayor que la anterior, atendida la gran diferencia de tiempo que cada autor indica para hacer la mezcla.

Mientras se trabaja se procura que esté la pasta húmeda para evitar el riesgo de que se inflame, a cuyo efecto se baña con agua de cuarto en cuarto de hora en las 10 o 12 primeras, y de dos en dos en las restantes; en las últimas horas suele batirse la pasta en otros morteros distintos para la mejor incorporación de los ingredientes.

Para conocer cuando están bien incorporados los tres materiales, se pone al sol una porción de masa sobre una tabla lisa y negra; y mirando de la parte opuesta del sol se notará si por todas partes hace igual viso, en cuyo caso estará la mezcla bien hecha; pero si lejos de hacerlo igual se advirtiere que algunas partículas relucen y otras no, es prueba de que no está bien incorporado el salitre con el azufre y el carbón, y así se continuará a batirlo en el mortero.

Si la pólvora que se fabrica fuere en gran cantidad, conviene más molerla en molino y mejor en tahonas, desechando el uso de los morteros. De todos modos, para tomar la cantidad de salitre, azufre y carbón que corresponde a la clase de pólvora que se intenta fabricar, esto es, de primera, segunda o tercera suerte, importa saber el número de libras de peso de la masa que se pone en el mortero, molino o tahona de una sola vez, para una molienda o picada. Sabido, se harán tres reglas de tres en la forma siguiente.

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http://amodelcastillo.blogspot.com/2015/11/fabricando-polvora-en-la-edad-media-i.html

Supongamos que el peso que el peso de la masa que pueda contener el mortero, molino o tahona sea de 50 libras y media. Se dirá para tomar el salitre. Si en 101 libras de mixto entran 76 de salitre, en 50 libras y media 38. Para el azufre: Si en 101 libras caben 11 de azufre, en 50 y media cabrán cinco libras y media. Para el carbón: Si a 101 libras tocan 14 de carbón, a 50 y media tocarán siete libras.

Se ve que hemos tomado por norma las cantidades de cada simple en entraban en las 101 libras de todo compuesto de la pólvora, según el asiento hecho por el empresario, y que se practicaba en el año 1.756. Para cualquier otra variedad, tanto en lo que establezca respecto a las cantidades de los simples que deban entrar en cada quintal de pólvora, como la masa de que sea capaz cada picada de los morteros, o admitan de una sola vez las tahonas, no habrá más que alterar los términos de las reglas de tres indicadas.

Molida la composición de suerte que esté bien hacha el polvo, y cuando la pasta tiene tal grado de sequedad que no se pega a las manos al manejarla, se echa en una criba o harnero que tenga los agujeros a proporción del grano que se quiere dar a la pólvora, se quiere decir, que si ha de ser menudo lo serán también los agujeros de la criba, y al contrario.

Para que vaya pasando la mixtión hecha grano, se volverá alrededor de la criba con la mano, o bien se pondrán encima de la pasta o mixtión dos maderos, que pueden ser cuadrados o cilíndricos, los que por su presión la harán pasar con mas brevedad al mismo tiempo que se fuera acribando. Concluido lo dicho se saca la pólvora a secar al sol sobre unas mantas, y en tiempo nublado, con especialidad en invierno, se sacará en piezas donde se tengan hornos de hierro dispuestos con toda precaución.

Después de seca se volverá a cribar la pólvora en otra criba, cuyos agujeros sean más pequeños que el grano, para quitarle el polvo y aun podrá añadirse el pasarla por tamiz a fin de que quede más limpia. En este estado puede embarrilarse la pólvora. El caballero D´Arcy encarga que cuando se trate de dar el grano a la pólvora debe estar la pasta en estado de sequedad, porque de lo contrario en el acto de enjugarse al fuego atraería este la humedad a la superficie de los granos donde se cristaliza el salitre, separándose de los otros dos materiales.

Aunque Medrano, autor del año 1.699 no se haga mérito de otras operaciones, que las referidas para dejar la pólvora en estado de meterla en los barriles y servirnos de ella, vemos en Labayru, autor del año 1.756, y probablemente se verá en otros admitida otra operación llamada de dar pavón o lustre a los granos, lo que verifican poniendo cinco arrobas de pólvora granada en un tonel, al que dan vueltas por tiempo de dos horas y media, con lo que quedan los granos igualados y con más lustre.

Rovira, que trae también esa operación, advierte que muchos la tienen por perjudicial, y que en el año 1.787, en que escribía, no usaban ya el pavón en la fábrica de Alcázar de San Juan, y en la de Granada solo empavonaban por espacio de media hora, persuadidos de que el barniz o lustre que adquieren los granos mediante esta operación, dificulta que las chispas prendan en ellos.

En el compendio de Artillería o Instrucción sobre armas y municiones de guerra de D. Jose Odriozola y Oñativia, Capitán del referido Cuerpo, impreso en Madrid en el año 1.827, se describe un modo de hacer pólvora, usado en tiempo de la llamada República francesa. Pero el mismo autor dice que los facultativos encuentran varios defectos en algunas operaciones del tal método, y por consiguiente en el todo resultado.

También en el Prontuario de Artillería que hemos citado, hablando de la pólvora, se indican varios modos de hacer pólvora, y hablando de algunos empleados en Francia dice, que el primero de ellos se diferencia poco del que nosotros empleamos en España, que el segundo lo experimentó Morla, pero con pruebas en pequeño, que no ofrecen comparaciones exactas; el otro no se ha experimentado.

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Respecto a la pólvora fabricada sin azufre manifiesta que da tanto alcance como la que no tiene, pero no inflama bien en los cebos, detona lentamente, sus granos no tienen consistencia, produce mucho humo que estorba a los Artilleros, y se deteriora pronto en los transporte.

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